La Vida de Chuck

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Me gustaría estrenar este blog hablando de “La vida de Chuck”, de Mike Flanagan. No obstante, quiero avisar a las 2 personas a las que les llegue este post que yo nunca en mi vida he tenido un pensamiento lineal, ósea que si buscas una reseña sobre una película, amigo aquí no vas a encontrarla, o al menos, no en el sentido tradicional. Avisado quedas.  

Hace un par de meses, me salían en Twitter y en TikTok vídeos y vídeos sobre esta película y la posterior rueda de prensa, e ilusa de mí, los saltaba todos porque quería esperar a que saliese en el cine para consumir el contenido. ¿Y porque digo ilusa? Porque tuve que ir esquivando posts casi dos meses, ahora bien, ¿mereció la pena? sin duda alguna.  

Os voy a dar un poco de contexto del punto en el que me encontraba yo cuando fui a verla porque creo que siempre es importante. El día anterior (jueves), no voy a maquillarlo, me tocó trabajar como una mula y además a contrarreloj porque tenía una cena de despedida muy importante para mí. Total que trabajé, llegué a la cena, me bebí 5 cervezas y me fui a la cama habiendo ingerido tres tristes patatas bravas y dos calamares a la romana. ¿Y adivináis que me pasó el viernes? Pues a trabajar otra vez. No sé cómo, pero me puse a escuchar un disco de 4 horas y media de Bing Crosby y saltó entonces “it´s been a long, long time”, y ya se me fue completamente la cabeza a ser un hombre de 40 años caminando en silencio por la calle, con mi traje y mi maletín (no sé si se entiende por donde voy), aparentemente serio, pero con una sonrisilla que te hace pensar que no todo es lo que puede parecer desde lejos, y así, llegué a casa, solté el bolso, y salí al cine.  

De nuevo, yo no quería saber nada acerca de la película, ya me habían convencido los vídeos que la incluían en recopilaciones de “feel good movies” o “confort films”, – gran género cinematográfico, y si no te lo parece, puedes discutir con la pared. Peeeero, en los 3 minutos que hay de mi casa a los Renoir, me metí en Letterboxd a cotillear un poco, y ahí es cuando descubrí la filmografía de Mike Flannagan: “Ouija”, “El juego de Gerard” (que da para un review aparte), “Doctor Sueño” … ¿Veis por dónde voy? Pues eso, ahí estaba yo pagando mi menú mediano de palomitas con agua por sólidos 5,30€ replanteándome las críticas que había visto de reojo. Y entonces empezó la película y ahora empiezan los spoilers.  

Chiwetwl Ejiofor está dando clase de literatura a una serie de adolescentes de instituto americano que cumplen con todos los estereotipos de adolescentes de instituto americano, salvo que estos aparentan tener la edad que deberían tener, por lo que nadie le está haciendo ni caso. Chiwetwl (al que yo solo había visto como en marido de Keira Knightley en “Love Actually”, gran representante del género ya mencionado) tiene a un chaval leyendo en voz alta “Canto a mí mismo”, de Walt Withman (los reales lo reconocemos de “Ciudades de Papel”, de John Green), pero de nuevo, nadie le está haciendo ni caso. Sin embargo se nota que Mike Flanagan quiere que le prestemos atención, y así lo hacemos.  

La película avanza y nos hacen saber que el mundo tal y como lo conocemos se está acabando, California se desintegra sobre el mar, Rusia se congela, incendios, terremotos… lo que viene siendo el fin del mundo. Internet no funciona, la televisión, a ratos y sin embargo, hay varios carteles dándole las gracias a Charles Kruntz por 39 maravillosos años (Charles es Tom Hiddleston), pero nadie parece conocerle ni entender porque han empapelado la ciudad entera con los carteles a un minuto de la media noche. Total, que cuando las cosas se están poniendo feas de verdad, Chiwetwl se va a casa de su exmujer (Nébula) y mientras se dan cuenta de que siguen enamorados y que ambos quieren estar juntos de nuevo, desaparecen las estrellas del cielo, hasta que finalmente, desaparece la tierra.  

Empieza entonces el segundo acto de la película, que narra solo unas horas de un día de Charles “Chuck” Kruntz, y digo narra porque literalmente hay un narrador, que es un recurso que cuando no se monopoliza en cosas como “Riverdale”, me parece un pepino. Chuck va andando por la calle más falsa que has visto en tu vida, olía la pintura de la maqueta desde la butaca, pero no me importaba, y va exactamente igual que como yo me veía a mí misma, con su maletín. Se topa entonces con una tía tocando la batería y a través del narrador nos enteramos de que ella piensa que él es un sieso y que los hombres como Tom Hiddleston pasan de largo. Pero oh sorpresa, Chuck se queda parado frente a la batería, suelta el maletín, sigue el ritmo primero con los dedos y rápidamente con el resto del cuerpo. El tío se pone a bailar, – bastante bien he de añadir, – y se hace un corrillo alrededor. En el corro, hay una chica a la que sabemos, de nuevo por el narrador, que le ha dejado un noviete por WhatsApp y que está bastante rebotada, por lo que cuando Tom le dice que baile con él, aunque se lo piensa, accede y los dos viven su momento La La Land.  

Pasamos entonces al tercer acto de la película, primer acto cronológico, y sin duda alguna el más interesante. Nos cuenta la infancia de Chuck, cómo murieron sus padres y como los primeros años que vivió con sus abuelos fueron grises, entendemos porque Chuck baila como baila, porque tiene esa cicatriz en la mano etc. Pero en lo que me quiero centrar, es en este poema de Walt Whitman. A Chuck le leen este poema en clase (curiosamente el colegio al que va es el mismo en el que el marido de Kiera da clases) y cuando suena el timbre, se acerca a su profesora y le dice que no entiende a que se refiere el poeta cuando dice “Soy inmenso, contengo multitudes”, y la explicación me encanta.  

Ella pone las manos a sobre las orejas de Chuck y le pregunta que qué tiene en medio, el, confundido, le dice “mi cerebro”. Pero va expandiendo su respuesta. Tienes mis ideas, mis alegrías, mis penas, mis recuerdos, toda la gente que he conocido, todo lo que he visitado y todo lo que he vivido. Somos inmensos. Contenemos multitudes.  

¿Os acordáis cuando os decía que es determinante como percibimos ciertas cosas dependiendo de donde estamos? Pues a mí la Vida de Chuck me pilla en una época de mi vida en la que me planteo si poco a poco estoy perdiendo mi individualidad y convirtiéndome, dicho de forma muy dramática, otro ladrillo en la pared. Que buen momento para escuchar que soy inmensa y que contengo multitudes, ¿verdad? Volviendo a la película, y para una mi conclusión final, quiero recalcar un binomio muy divertido entre arte y ciencia que se refleja en varios momentos claves tanto en la propia cinta como en la vida de Chuck. Sobre esto, decir que está fenomenal ser contable, pero que es importante pararse a bailar cuando se escucha música. Y en mi caso la música es literalmente música, pero que importante es pararse en general con lo que uno quiera pararse. 

Response

  1. sms Avatar

    Magnífica reseña, que he leído solamente “en diagonal” ya que primero necesito ver la peli. para luego poder contrastar y comentarla adecuadamente. Estamos en contacto, permanezcan atentos a sus pantallas

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